No sólo los agricultores profesionales deben proteger sus plantaciones contra las plagas. Tu pequeño huerto urbano también necesitará atenciones.

Y cuantas más atenciones le prestes, mejores serán los resultados y mayores las cosechas. Lo primero que hay que tener en cuenta, y que muchas veces se olvida a pesar de su importancia, es el riego y el abono. Con un buen control de la humedad del suelo tendrás la mitad de la batalla ganada contra los hongos. Y si la planta está bien abonada, crecerá más fuerte para poder enfrentarse a los ataques de las distintas plagas.

Otro elemento imprescindible es la prevención. Mantén tu huerto limpio y libre de malas hierbas, que compiten con tus plantas y sirven de escondite para algunas pla­gas. Evita plantaciones demasiado densas, es bueno que circule un poco de aire entre las plantas para reducir la humedad excesiva y para que no tengas rincones ciegos que no puedas revisar.

Aún así, será inevitable que aparezcan algunos proble­mas. Empieza a familiarizarte con los nombres de las plagas más típicas, como el trip, la mosca blanca, el pulgón, orugas varias, babosas, caracoles... Y también con los hongos más comunes, como el oídio y el míldiu. No es para desanimarte, pero algún día tendrás que verte las ca­ras con alguno de ellos. ¿La buena noticia? Todos tienen tratamiento. Pero atención, estamos hablando de verdu­ras y hortalizas que luego vas a comerte: será importante que respetes los periodos de seguridad para el consumo marcados en cada uno de los productos fitosanitarios que vayas a usar. También puedes optar por productos ecoló­gicos, más respetuosos con el medio ambiente, con nues­tra salud y con la de otros animales beneficiosos para tu huerto como mariquitas, avispas, lagartijas...

Un último apunte: déjate aconsejar por los expertos de Jardinarium. Siempre que tengas un problema, consúlta­selo. Son auténticos profesionales y seguro que te ayuda­rán a conseguir grandes cosechas.