La costumbre de cultivar hortalizas en las grandes ciudades no es una tendencia tan actual como puede parecer.

En el siglo XIX, durante la revolución Industrial, hubo un éxodo rural de campesinos que se mudaron a las ciudades para trabajar. La mayoría empezaron ya a tener huertos urbanos.

Durante las Guerras Mundiales, los llamados Victory Gardens (jardines de la victoria) o War Gardens (jardines de guerra), reducían la dependencia de las importaciones para ayudar a la economía.

En los años 60 y 70, el concepto de huerto urbano le fue como anillo al dedo al movimiento ecologista y contrario al sistema. Suponían una herramienta perfecta de cohesión social y apoyo comunitario.

Hoy en día, la preocupación por la calidad de lo que comemos los hace resurgir de nuevo. Representan una alternativa a los alimentos ultra procesados.

Pero no sólo ayudan a mejorar nuestra alimentación y por lo tanto nuestra salud. Las ventajas de tener un huerto urbano son muchas y muy variadas:

  • Nos permite la experiencia de cultivar algo por uno mismo.
  • Son una vía de escape perfecta para el estrés y el mal humor.
  • Reducen la huella ecológica.
  • Ayudan a darle un toque de verde al balcón, terraza o azotea.

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